Las cartas viajeras siguen su curso

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Una vez más, se está poniendo en marcha  en el I.E.S San José de Cortegana el intercambio de cartas que  había comenzado en cursos anteriores. Gracias a M. Dulou del Lycée International  Honoré de Balzac en París (Francia)  y a Máximo Fernández del Colegio Español Luís Vives de Larache (Marruecos) el alumnado de los tres institutos tiene la oportunidad de conocerse y conocer las costumbres y tradiciones de los diferentes países.  Y por supuesto,  gracias a los alumnos y alumnas de cada uno de los centros. Gracias por hacerme feliz cada vez que hago esta actividad. Me sorprende que después de haber realizado conmigo esta actividad hace años, mis ex-alumnos y alumnas marroquíes quieran seguir colaborando conmigo allá donde yo me vaya y sobre todo, queriendo conocer a gente al otro lado de la orilla. Los conocí cuando estaban en 5º de primaria así que ahora que he visto sus fotos, en 4º de E.S.O, veo lo mayores que se están haciendo ya “mis niños y niñas”. Menos mal que Jaber me lo recordó porque ya no sabía quiénes quedaban aún por el colegio. Me hace mucha ilusión que pueda haber amistad entre el alumnado español, marroquí y francés.

Aquí tenéis una imagen que aparece en la web del instituto francés anunciando el intercambio. Si queréis verlo en la página original pinchad aquí (es la cuarta imagen). Pronto tendréis más fotos. 

Andalouse

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Hola a todos y todas. Os dejo la nueva canción Andalouse de Kendji Girac para que busquéis qué frase comparativa encontráis en ella. (No vale buscar la letra) Por cierto, no es “la lettre de la chanson” (eso sería la carta de la canción) sino “les paroles de la chanson” (literalmente, las palabras de la canción).

Aunque no imparto clases al alumnado de etnia gitana del I.E.S San José espero que algún día escuchen la canción y me dejen algún comentario si les gusta.

Hasta pronto.

 

Empezamos nuevo curso

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Hola a todos y a todas. El destino y El viento de Levante me han traído hasta el I.E.S San José de  Cortegana, en Huelva, donde probablemente pasaremos algunos añitos. Empiezo este nuevo curso escolar ilusionada y con muchas ganas de trabajar;  ganas, sobre todo,  de transmitir lo que sé y lo que he aprendido a lo largo de estos años tanto de compañer@s como de alumnos y alumnas.

Siguiendo con la interculturalidad, empezaremos el curso 2014/2015 con una canción que escuché este verano de Kendji Girac de etnia gitana, ganador del programa La Voz en Francia. Aprovecharemos para trabajarla también en clase de francés.

Os deseo a todos y todas un  feliz curso.

Si queréis saber más sobre él pinchad aquí. También podréis ver un fragmento de su nueva canción Andalouse (Andaluza).

Hambre de todo

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Desde hace un tiempo, mi amiga Lola, también profesora de francés, intenta convencerme para que escriba relatos cortos en una página donde ella también escribe: Cincuenta palabras. Como su nombre indica, son relatos de tan sólo 50 palabras. Al no tener últimamente  mucho tiempo, no me he dejaba tentar por su proposición,  pero esta última vez… caí en su trampa. Justo después de que quedáramos un grupo de amigas, llegué a casa y me puse a escribir. Sinceramente, disfruté escribiendo y además, me deleita leer cada día los relatos que se publican. Así que, ahora me toca a mí enganchar a alguien. Sé que María, antigua alumna de la Salle, ya ha enviado uno.  ¡Muy bien, María! 

Lola me mandó  su última creación  y, después de leerla,  me llamó mucho la atención el relato que  habían publicado el día anterior. Se titulaba Hambre de todo y es de Freya Póssivel. Aquí lo tenéis:

Said, su nombre. Edad no tiene pues la perdió intentando llegar a Europa. Cada día sin desayunar llega al centro. Camina más de una hora para encontrar sitio en la sala de ordenadores. Le miramos a hurtadillas. ¿A qué jugará este chaval? Aprende a leer con poemas de Gloria Fuertes.  Escrito por Freya Póssivel – Web

Cada día encontramos historias que nos conmueven y la de Said, no deja a nadie indiferente. ¡Ojalá Said ya haya aprendido a leer y escribir y, algún día, pueda contarnos cómo es su vida! Este relato está basado en la historia de un personaje real como nos va a contar a continuación su autora pero esta vez empleará más de cincuenta palabras. Gracias por compartir esta historia con nosotros.

La autora opina: 

Cuando conocí a Said, yo trabajaba en un CAS (Centro de Acompañamiento Social) que hoy ya no existe. Tampoco sé nada de él. Ahora casi todos estamos en riesgo de exclusión social o directamente excluidos pero en ese momento no tanto y para que la historia sea entendible es necesaria esta aclaración. Estar en riesgo de exclusión es no tener lo mínimo asegurado: techo, comida, salud, educación; es decir, lo básico. En el CAS prestábamos apoyo a quienes tenían más complicado cubrir esas necesidades ofreciendo desde asesoría jurídica, laboral y social hasta actividades formativas y de ocio para niños y adultos.

Yo tenía ventitantos y trabajaba en algo que me gustaba. Mileurista y poco, compartía piso, me compraba ropa, libros, iba al cine, de copas y un par de veces al año también de vacaciones.

La primera vez que vi a Said fue precisamente el día antes de viajar a la costa italiana con dos amigas. Estaba pensando en cremas, cámaras de fotos, bikinis y gafas de sol cuando bajó las escaleras de acceso a la sala de ordenadores. Tan delgado y pálido, un niño con ojos cansados.

-¿Gratis?¿Internet?- preguntó

-Sí, sígueme – y le expliqué como acceder a la red y también al resto de los servicios que prestábamos concertándole una cita con la trabajadora social para una hora después.

Acabó mi jornada y emprendí el camino hacia unas estupendas vacaciones. Me acordé del chaval en la playa. Es normal pensareis, pero no. Si trabajas con situaciones duras, con personas que sufren todos los días, no puedes permitirte el lujo de llevarte su dolor a casa; sin embargo, inevitablemente hay veces, hay historias que se te pegan a la piel y cargas con su mirada en tu vida y esto no es bueno ni malo, simplemente sucede y a mí me pasó con Said.

Volví de mi descanso y supe que la trabajadora social se había encargado diligentemente del chico. También supe que este pequeño gran hombre había llegado desde Marruecos en los bajos de un camión buscando a su hermana, que ella se había desentendido de él y que dormía en la calle algunos días, otros en una chabola. Casi nunca comía y pasaba vergüenza, miedo y frío y aún no tenía 13 años. Said se aferró a la idea que aprender a leer le sacaría de esa situación y estoy segura que así ha sido. Ojalá. Inshallah.

El paso del Estrecho

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Estando en Marruecos, Fran, un antiguo alumno mío de la Salle me mandó un mensaje que decía: ” Tienes el blog abandonado”.  Habiéndole dedicado a este blog tantísimas horas, me dio pena leer el comentario  pero hay momentos en la vida en los que todos tus sentidos están afortunadamente en otro lugar. Ahora la maternidad ocupa mi tiempo y llena mis días de felicidad aunque también procuraré ir retomando poco a poco mis aficiones porque también eso me hace feliz. Así que, la reflexión que voy a escribir hoy sobre el Paso del Estrecho será gracias a Fran,  por haberme dado un toquecito de atención. ¡Y muy bien dado, por cierto!

Los que vivimos en el Sur estamos muy acostumbrados  a ver el desfile de coches, sobre todo en verano, que se dirige a Tarifa o a Algeciras para cruzar el Estrecho de Gibraltar y  pasar así sus vacaciones con la familia, después de un año de trabajo. Gente que un día, como lo hicieran nuestros familiares, y desgraciadamente hoy se ven obligados a hacer, emigraron en busca de un futuro mejor para sus familias. Muchos han vuelto con el pelo blanco pero sus hijos e hijas aún siguen en esos países donde a veces se les considera extranjeros y ciudadanos de segunda categoría. Nosotros, no todos de forma despectiva,  mientras los veíamos pasar, decíamos: “Ahí van los moros” mientras nos preguntábamos si en nuestros coches cabía lo que cabía en los suyos.

Yo, por aquel entonces, no sabía que algún día también iría allí de vacaciones para ver a la familia. Desde la primera vez que crucé el Estrecho, con el miedo metido en el cuerpo  ante lo desconocido, han sido muchas las veces que he cruzado. Unas veces he tardado más, otras  menos pero nunca jamás nos había ocurrido lo de este mes de agosto. En las casi diez horas de espera antes de coger el barco, me dio tiempo de pensar en muchas cosas,  además de aburrirme y sentarme de todas las maneras posibles. Nos dimos cuenta de que, sin duda alguna, habíamos decidido salir el día de la “Operación salida”.

 Al llegar,  vimos que había una gran cantidad de coches fuera del puerto de Tánger.  Después de un par de horas, los coches empezaron a pitar para romper la monotonía de aquel caluroso día. Se notaba que la gente empezaba a perder la paciencia. De vez en cuando  iban pasando vendedores con recuerdos, té, o patatas Pringles.  Como no llevábamos nada de comer, cayeron unas patatas aunque fueran con sabor a cebolla. No las considero muy saludables pero no estaba la cosa para exigencias.  Y seguía el estrepitoso sonido como si con aquel ruido el barco que nos haría cruzar fuese a llegar antes.  Alguien, de vez en cuando, decidía activar la pitada y doscientos coches le seguían después. No iba a servir de nada pero había que protestar;  eso pensaba la gente. Menos mal que había un vehículo con un claxon ridículo que nos sacaba una sonrisa de vez en cuando. Por fin empezamos a avanzar para entrar al puerto hasta que los agentes iban seleccionando vehículos para pasar por el escáner: tú sí, tú no, tú sí, tú no. Y nosotros cruzando los dedos para ponernos en la cola del barco pero nosotros: SÍ. Pues sí, nos tocó. Y mientras nosotros esperábamos a pasar el escáner resignados,  iban desfilando coches ante nuestras narices que habían llegado  horas más tarde para ponerse en la cola. Había tantísimos coches que llegaba un barco, cargaba, se marchaba y volvía a las dos horas. Y así uno tras otro.

Durante esas horas de espera, terminó anocheciendo. De vez en cuando, salíamos del coche para disfrutar del frescor de la noche.  Al fin y al cabo, había que intentar disfrutar del momento. Veíamos a niños y niñas jugar tranquilamente alrededor de las filas de coches aunque lo más normal era ver a la gente intentando buscar una postura cómoda para echar una cabezadita. Era curioso ver cómo proviniendo de un mismo país y de una misma cultura, la educación que cada familia daba a sus hijos e hijas al haber emigrado a otros países, era muy diferente.  A la izquierda, veías un vehículo en cuyo asiento trasero había una adolescente con su pareja haciéndose carantoñas; a la izquierda, unas chicas que se transformaban al colocarse el “hiyab” (pañuelo que llevan las mujeres musulmanas) y cuyo padre sin duda no les permitiría carantoña alguna en el asiento trasero. Algunas situaciones  nos llamaron  la atención pero hubo algo que no nos dejó indiferentes. De repente, vimos cómo alguien intentaba meterse en uno de los vehículos pero la gente terminó dándose cuenta y la policía se llevó primero a uno y luego a otro que lo intentó más tarde.

Recuerdas, entonces, que eso mismo había ocurrido un año atrás. ¿Serían las mismas personas? ¿Cuántas veces lo habrían intentado ya? ¿Qué intensidad tiene que tener el sueño de alcanzar la otra orilla para arriesgar tanto? Y entonces, te quedas pensando; pensando en que, a pesar de las siete, ocho o nueve horas que llevas esperando, eso ya no tiene importancia. Todo se hace relativo porque sabes que con los papeles que tienes en tu bolso vas a terminar cruzando. Cruzarás en el barco que está por llegar, o quizás en el siguiente o incluso en el de después. Pero cruzarás al final,  sin tener ni idea de los sueños que se acaban de romper, sin tener ni idea de cuántas almas desgraciadamente divagan por el Estrecho ¿Cuántas horas se habrán pasado ellos observando esas infinitas colas soñando con que algún día llegue su turno? ¿Cuántos habrán soñado, al mirar al cielo, con convertirse en ave…  y volar?

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   A quienes persiguen un sueño.

Fuentes de la imagen: aquí

Premio Nobel de la Paz para Malala

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Hola a todos y a todas. Hace poco os hablé de Malala. Afortunadamente se está recuperando de aquella brutal agresión. Hoy día 10 de noviembre, día designado por la ONU, Paquistán la ha homenajeado celebrando el día de Malala.  Os dejo también esta página de change.org en la que se solicita el Premio Nobel de Paz para ella por su lucha en favor de la educación de las niñas en Paquistan. Yo ya la he firmado así que os animo a firmarla también. Creo que esta niña se merece un simple click por nuestra parte. He consultado las bases y la edad para que podáis votar es de 13 años.


Red Buenas Prácticas 2.0

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Quiero compartir con vosotros y vosotras mi alegría por el reconocimiento que ha recibido del Ministerio de Educación nuestro blog Cruzando el Estrecho 2012. El Intef (Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado)  nos ha otorgado el sello de Buena Práctica por incorporar las TIC en el aula. 

 Es evidente que sin la colaboración del alumnado esto no sería posible y por ello agradezco a quienes hayáis colaborado en él. Recomiendo al profesorado interesado en introducir las nuevas tecnologías en el aula que visite la Red de Buenas PrácTICas 2.0 ya que podrá encontrar un gran abanico de actividades y propuestas interesantes. Si pincháis en la imagen podréis ver la reseña sobre el blog Cruzando el Estrecho  2012 que se ha publicado y agradezco a  Francisco Rodríguez Villanego la bonita presentación de nuestro blog.